No todos los equipos necesitan el mismo nivel de detalle. Por eso los programas se organizan en tres formatos que difieren en la profundidad de la evaluación y en el tipo de evidencia que se revisa. Cada uno responde a un momento distinto del ciclo de madurez del área.
Evaluación de competencias base
Diseñado para equipos que recién incorporan funciones de verificación biométrica. Se relevan conocimientos fundamentales sobre captura de muestras, calidad de imagen y criterios de rechazo. Incluye un informe por persona con brechas detectadas y una hoja de ruta sugerida para los próximos seis meses.
El resultado es un diagnóstico accionable, no una certificación formal. Sirve para planificar capacitación interna con datos concretos.
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Certificación profesional en verificación
Pensado para analistas con experiencia que necesitan acreditar su desempeño frente a estándares del sector. La evaluación combina una prueba teórica sobre normativa y gestión de sesgos con un ejercicio práctico de revisión de casos reales anonimizados. Quienes aprueban reciben una credencial con vigencia de dos años.
La recertificación exige evidencia de actualización: cursos, participación en auditorías o resolución de incidentes documentados.
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Auditoría de matriz de competencias
Para organizaciones que ya tienen un modelo interno de habilidades y necesitan validar que sea consistente con la práctica real. Se contrasta la matriz declarada contra observación de procesos, entrevistas con líderes técnicos y revisión de casos resueltos. El entregable incluye recomendaciones de ajuste por nivel y por rol.
Este formato no evalúa individuos; evalúa el sistema de gestión de talento en su conjunto.
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